13 jun. 2011

el mantra de la compasión. om mani padme hum

Om mani padme hum




el mantra de la compasión
OM MANÍ PADME HUM, los
tibetanos lo pronuncian «Om Mani Peme Hung». Encarna la
compasión y la bendición de todos los budas y bodisatvas, e
invoca en especial la bendición de Avalokiteshvara, el Buda de la
Compasión. Avalokiteshvara es una manifestación del Buda en
la Sambhogakaya, y su mantra se considera la esencia de la
compasión de Buda hacia todos los seres. Así como Padmasambhava
es el maestro más importante para el pueblo tibetano,
Avalokiteshvara es el buda más importante, y la deidad kármica
de Tíbet. Según un dicho muy conocido, el Buda de la Compasión
llegó a grabarse tanto en la conciencia tibetana que cualquier
chiquillo que supiera pronunciar la palabra «madre» también
sabía recitar el mantra OM MANÍ PADME HUM.
Se cuenta que, hace innumerables eras, mil príncipes hicieron
el voto de convertirse en budas. Uno de ellos decidió llegar
a ser el Buda que conocemos con el nombre de Gautama
Siddharta; Avalokiteshvara, empero, hizo el voto de no alcanzar
la Iluminación hasta que los otros mil príncipes se hubieran
convertido en budas. Además, en su infinita compasión, hizo
también el voto de liberar a todos los seres conscientes de los
sufrimientos de los distintos reinos del samsara, y formuló la
siguiente plegaria ante los budas de las diez direcciones: «Que
pueda ayudar a todos los seres, y si alguna vez me canso de esta
gran obra, que mi cuerpo se destruya en mil pedazos». En
466 El. LIBRO T1BETANO DE LA VIDA Y DE LA MUERTE
primer lugar, se dice, descendió a los reinos infernales, y luego
fue ascendiendo gradualmente, pasando por el mundo de los
espíritus hambrientos, y así sucesivamente hasta llegar al reino
de los dioses. Una vez allí, volvió la vista hacia abajo y consternado
descubrió que, aunque había salvado a innumerables seres
del infierno, seguían cayendo otros seres en número igualmente
incalculable. Esto lo sumió en el más profundo pesar, y por un
instante casi perdió la fe en el noble voto que había hecho, de
manera que su cuerpo estalló en mil pedazos. En su desesperación,
Avalokiteshvara pidió ayuda a todos los budas, que acudieron
a socorrerle desde todas las direcciones del universo, en
forma de una suave ventisca de copos de nieve, según dice un
texto. Con su gran poder, los budas volvieron a reunir los
pedazos, y a partir de entonces Avalokiteshvara tuvo once cabezas
y mil brazos, y un ojo en la palma de cada mano, como
símbolo de esa unión de sabiduría y medios útiles que es la
marca de la auténtica compasión. Bajo esta forma, era aun más
resplandeciente que antes y dotado de un mayor poder para
ayudar a todos los seres, y su compasión se volvió aun más
intensa mientras repetía una y otra vez este voto ante todos los
budas: «Que no alcance el estado final de buda hasta que todos
los seres conscientes alcancen la Iluminación».
Se cuenta que en su pesar ante los sufrimientos del samsara
le cayeron dos lágrimas de los ojos, lágrimas que, por la bendición
de los budas, se convirtieron en las dos Taras. Una es Tara
en su forma verde, que es la fuerza activa de la compasión, y la
otra es Tara en su forma blanca, que es el aspecto maternal de
la compasión. El nombre Tara significa «la que libera»; la que
nos transporta a la otra orilla del océano del samsara.
Está escrito en los sutras del Mahayana que Avalokiteshvara
dio su mantra al propio Buda, y Buda a su vez le concedió
la tarea noble y especial de ayudar a todos los seres del universo
a alcanzar la budeidad. En aquel momento, todos los dioses
hicieron caer una lluvia de flores sobre ellos, la tierra tembló
y el aire resonó con el sonido OM MANÍ PADME HUM
HRIH.
Dice un poema:
Avalokiteshvara es como la luna
cuya fresca luz extingue los fuegos ardientes del samsara;
bajo sus rayos, el loto de la compasión de floración nocturna
abre por completo sus pétalos.

Las enseñanzas explican que cada una de las seis sílabas que
componen el mantra, OM MA NI PAD MÉ HUM, tiene una
virtud específica y poderosa para provocar la transformación en
distintos aspectos de nuestro ser. Las seis sílabas purifican completamente
las seis ponzoñosas emociones negativas, que son
manifestación de la ignorancia y que nos hacen obrar de un
modo negativo con el cuerpo, el habla y la mente, creando así
el samsara y los sufrimientos que en él experimentamos. Por
mediación del mantra, el orgullo, los celos, el deseo, la ignorancia,
la codicia y la ira se transforman en su verdadera naturaleza,
las sabidurías de las seis familias de budas que se manifiestan en
la mente iluminada.'
Así pues, cuando recitamos OM MANÍ PADME HUM, se
purifican las seis emociones negativas que son la causa de los
seis reinos del samsara. Es así como la recitación de las seis
sílabas evita el renacimiento en los seis reinos, y disipa además
el sufrimiento inherente a cada uno de ellos. Al mismo tiempo,
recitar OM MANÍ PADME HUM purifica por completo los
agregados del yo, los skandas, y perfecciona las seis clases de
acción trascendental del corazón de la mente iluminada, las
paramitas de la generosidad, la conducta armoniosa, la paciencia,
el entusiasmo, la concentración y la sabiduría. Se dice también
que OM MANÍ PADME HUM confiere una poderosa
protección contra toda clase de influencias negativas y contra
varias formas distintas de enfermedad.
A menudo se añade al mantra la sílaba HRIH, la «sílaba
semilla» de Avalokiteshvara, de modo que se convierte en OM
MANÍ PADME HUM HRIH. HRIH, la esencia de la compasión
de todos los Budas, es el catalizador que activa la compasión
de los Budas para transformar nuestras emociones negativas
en su naturaleza de sabiduría.
Kalu Rimpoché escribe:
Según otra manera de interpretar el mantra, se puede decir
que la sílaba OM es la esencia de la forma iluminada;
MANÍ PADME, las cuatro sílabas centrales, representan el
habla de la Iluminación, y la última sílaba, HUM, representa
la mente de la Iluminación. El cuerpo, el habla y la
mente de todos los budas y bodisatvas son inherentes al sonido
de este mantra, que purifica los oscurecimientos de cuerpo,
habla y mente, y lleva a todos los seres al estado de
realización. Sumado a nuestra propia fe y a nuestros esfuezos de meditación
y recitación, surge y se desarrolla el poder
transformador del mantra. Podemos verdaderamente purificarnos
de esta manera.
Pensando en quienes están familiarizados con el mantra y
lo han recitado con fe y fervor durante toda la vida, el Libro
tibetano de los muertos reza porque: «Cuando (en el bardo) el
sonido de dharmata ruge como un millar de truenos, pueda
todo convertirse en el sonido de las seis sílabas». De un modo
semejante, en el Surangama Sutra leemos:
Cuan dulcemente misterioso es el sonido trascendental de
Avalokiteshvara. Es el sonido primordial del universo. [...]
Es el murmullo apagado de la marea que se retira. Su
sonido misterioso trae liberación y paz a todos los seres
conscientes que en su dolor piden ayuda, y les da una
estabilidad serena a todos los que buscan la paz ilimitada del Nirvana.